Nuestra Historia

Somos una empresa familiar de droguería y perfumería constituida en septiembre de 1970 con 55 años al servicio del cliente, posicionándonos en un comercio de barrio tradicional que trata de prestar una atención personalizada y aportando un valor añadido a los artículos.

Nuestra forma de venta va encaminada a satisfacer la necesidad del cliente ayudando y asesorando en todas las dudas o problemas que tenga, ofreciendo artículos que muchos de ellos no se suelen encontrar en cualquier supermercado, aportando nuestro granito de arena con asesoramiento.

El comienzo de nuestra empresa fue llevado a cabo por nuestros padres, Pilar y José, hermanos emprendedores y luchadores que dejaron todo su esfuerzo en todo lo que consiguieron.

Cuando vinieron a nuestro barrio era una zona toda de huerta en la que solo existían dos edificios, uno donde se montó nuestro establecimiento y otro enfrente. Todo lo demás era zona sin asfaltar, rodeado de huerta con una acequia que cuando llovía se hacía un auténtico barrizal en el que los taxistas se negaban a entrar, solo te acercaban a la Av. Ausias March, nuestra calle, la calle Oltá era un maremágnum de socavones, piedras y barro.

A pesar de todas las inclemencias nuestra familia vio en nuestra calle un potencial a futuro porque todo aquello se tendría que poblar lo que conllevaba un posible hueco de mercado.

Los principios fueron duros y nuestra pequeña tiendecilla de barrio empezó su andadura como una distracción para mi madre, que si funcionaba sería una ayuda económica familiar, pero sin demasiadas expectativas de futuro próximo. Según siempre oí, de boca de mi madre, como apenas tenían genero se llenaban los lineales incluso con las cajas vacías, al igual que como tampoco había clientes se dedicaba a pasearme, con mi carrito, por la acera porque yo tan solo tenía seis meses (con el fondo de los silbidos de los obreros de las fincas en construcción).

Poco a poco los años pasaron, el barrio creció y se convirtió en un comercio que empezaba a funcionar. La tienda de barrio empezó a demandar ayuda y ahí aparecieron mis abuelos que siempre han estado apoyando en TODO. Mi abuela Pilar cuando terminaba sus tareas domésticas aparecía por la tienda a ayudar, mi abuelo José también con su furgoneta colaboraba trayendo mercancía o recogiéndonos del colegio, toda una familia, ayudándonos y apoyándonos. Al ir creciendo el comercio mi tío José dejo el trabajo que tenía y se centró de lleno en la tienda, cada vez había más y más trabajo. Mi tío siempre había estado en un segundo plano porque el comercio de inicio se montó para mi madre, pero en la constitución ,en las compras , en todas las decisiones siempre estuvo él.

En el momento que nuestro comercio fue demandando más trabajo toda mi familia “como una piña” fue acudiendo y formando parte de este equipo FAMILIAR DE TRABAJO.
 
Fueron años de mucho esfuerzo y sacrificio, pero siempre unidos.
 
Con el tiempo llegaron acontecimientos familiares, mis tíos se casaron y fueron naciendo mis primos, nuestra vida personal y familiar se prologaba en la tienda, allí hemos celebrado nacimientos, cumpleaños, graduaciones, alegrías… No hay recuerdo que tenga que no esté presente la tienda.
 
Según os relato, tal como os indique al principio, el alma de la tienda fueron mi madre Pilar y mi tío José ambos hacían un equipo perfecto y cada uno se complementaba, mi madre Pilar era la mejor vendedora que puedes imaginar, era trabajadora, luchadora, cariñosa, atenta, empática con el cliente, todo el mundo quería ser atendida por ella y al otro lado mi tío José un hombre trabajador, luchador con un don especial para las compras y gran capacidad de negociación. Hacían el kit perfecto, lo mejor de las ventas con lo mejor de las compras…

Esta vorágine de la tienda, como os he comentado, nos fue arrastrando a todos a colaborar para que todo funcionara, ya desde pequeños nacimos y crecimos entre cajas ayudando desde que podíamos andar. Recuerdo a mis primos ayudar a descargar los antiguos bidones de detergente, que eran cilíndricos, y los rodaban porque eran tan pequeños que no tenían fuerza ni de cogerlos. Toda una vida llena de recuerdos bonitos, con alegría y momentos inolvidables.

Con los años después de haber nacido mis tres primos y la más pequeña, Esther, cuando tuvo dos añitos fue mi tía Maruja, la mujer de mi tío, la que también se incorporó al negocio, así pues, ya eran tres mi madre Pilar, mi tío José y mi tía Maruja. Los yayos ya mayores colaboraban un poquito en la tienda aunque cada vez menos, pero si y mucho en la tarea domésticas con los nietos. Unos abuelos ejemplares que los tuvimos a nuestro lado siempre ayudando y apoyando en todo lo que necesitase la familia, gracias a esta ayuda todo fluyo y nuestros padres podían centrarse en el trabajo.

Por nuestra parte, los cuatro primos según íbamos creciendo nuestra colaboración era mayor, también porque nuestro comercio lo iba demandando. Ya no solo nos dedicábamos a la venta al público en la tienda también empezamos a servir mercancía a empresas como hoteles, residencia, hostelería, pintores… Cada primo colaborábamos de una forma, trayendo mercancía, repartiendo, facturando…, todos poníamos nuestro granito de arena.

Fueron pasando los años y del pequeño comercio de barrio montamos dos tiendas más una con sociedad con un amigo, y otra local en el que separamos de nuestra pequeña tienda lo más industrial de lo doméstico. Así pues, en septiembre de 1997 montamos nuestro segundo comercio en el barrio con los productos más industriales y de profesionales, así como de hostelería y restauración.
 
Con los años nuestra primera tienda se reformo y amplió porque el negocio colindante quedó libre y tuvimos una droguería y perfumería mucho más grande. Por aquella época yo ya había terminado mi carrera universitaria y después de estar trabajando una temporada fuera del nuestro comercio, decidí regresar y dedicarme de pleno a ello, ya teníamos dos negocios y nuestros padres no podían ellos solos, era absurdo que tuvieran que buscar profesionales cuando nadie mejor que nosotros podríamos cubrir esos huecos y nadie mejor que nosotros conocíamos la empresa y velaríamos por ella.

Según mis primos fueron creciendo ellos también se decantaron y algunos decidieron seguir su propio camino y otros seguir en la empresa. A veces se compatibilizaba, otras no y así durante años hasta que llegado el momento los papas se jubilaron, nos quedamos con un solo comercio ( la crisis, la reducción de personal…) así llegamos a la actualidad que después de 55 años nosotras Esther y yo, Pilar (primas), somos los administradores, las que decidimos seguir en la andadura que iniciaron nuestros padres.

Han sido muchísimos años llenos de buenos y malos momentos, llenos de recuerdos entorno a nuestro comercio-familiar-tradicional que se puede decir que ha sido la prolongación de nuestras casas. En la actualidad aún bajan a nuestra tienda, nuestros padres, Pilar y José (muy mayores y con achaques), LOS FUNDADORES. Nuestro comercio nos ha permitido criar en el día a día a nuestros hijos y a cuidar de nuestros padres, hemos podido respirar y compartir cada momento de sus vidas.

Solo podemos, tanto mi prima como yo darles las gracias por habernos dado la familia que tuvimos, la unión que compartimos, el ejemplo que nos dieron y todo el legado que nos dejaron.

No puede ser mejor este homenaje a ellos.

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS